miércoles, mayo 02, 2012

Cartera de cocodrilo

metido en la máquina diaria
pierde la conciencia una y otra y otra vez
descree de sus sueños
no confía porque no se plantea tanto
no desconfía porque no
se plantea tanto como nada
mucho como todo

monstruo comesueños
estructuras dictatoriales autoimpuestas
pasividad
ideales de plastilina
todo es blanco o negro o da igual
o da igual

cambiar implica pensar
se podría estar peor
se podría
o no
intentarlo ya es rebelarse
intento de rebelión

dormita un sonámbulo hibernante
sopor eterno
anestesia monocromática
monocorde unidimensional
cree que sueña cuando duerme
pero sólo duerme

alienación
represiones
anteojeras
espejillos de colores
temores
excusas

...
...
...
...

¡DESPERTATE!

lunes, octubre 10, 2011

Aquiles por su talón es Aquiles

Se conocieron por ahí. Nunca se sabe cómo. Él le habló de lo mismo, y ella también. Ni se esforzaron en cambiar sus discursos por el interlocutor de turno. Él le hablaba de los diferentes huesos del cuerpo, y ella de la relación entre la música actual y la sociedad que esa música representa. No estaban mintiendo, sólo eran demasiado orgullosos de esos aspectos de su vida, y era casi de lo único que hablaban. Estaban más con la otra persona por la extensión del ego propio que por otra cosa; el ego narcisista que hace sentir bien a uno con uno, que, en última instancia es lo que el amor representa: la felicidad propia para ser compartida.
La relación avanzó. A él le cayó mal su suegra; a ella ya le caía mal su madre, así que no había problema con esto. Se compraron un perro y se regalaron baratijas significativas cumplido el mes de noviazgo.
Su relación, si bien superficial, carecía de sexo. Con el tiempo fueron postergándolo para seguir masturbándose, que es la mejor forma de sexo que tiene un ególatra.
La noche en que sucedió fue horrible. Ella tenía mucha presión; él tomó viagra por las dudas. Ella postergó el momento cuanto pudo, pero llegó. Estaba acordado previamente.
Pasó en la casa en desuso de una tía de él. Les prestó la casa "de onda", previo acuerdo de limpieza irónicamente inmaculada.
La chica era realmente hermosa, pero tenía un problema de autoestima. Creía que era hiperobesa, cuando en realidad, su peso estaba bien en términos médicos, más allá de lo que digan las construcciones culturales. Creía que tenía caderas demasiado grandes, y se trataba de tapar con lo que podía.
Podría haberse paseado desnuda por la casa, podría haber hecho cualquier cosa en ese estado. Podría haber tenido el mejor sexo de su vida. Sin embargo, ella se inhibió. Tenía un camisón especial para la ocasión, pero se sentía horrible. La imagen en el espejo era un cuadro de Botero.
Se encerró en el baño y decidió no salir hasta que estuviera apagada la luz. Él le gritó que saliera, preguntó qué pasaba y le tuvo miedo a Andrés. Ella salió llorando y le explicó.
— ¡Mirá mis caderas!
— Ya las vi. Ahí apoyo las manos cuando caminamos por la calle.
— ¡Son horribles!
— ¡¿Y qué tiene?!
— ¡No me dijiste que no! ¡Pensás que son horribles!
— No... Mirá: muchas personas piensan que son horribles, que tienen el pene pequeño, las tetas muy chicas o muy grandes, los labios desagradablemente carnosos, las piernas muy gordas o muy flacas, muchos rulos, poco pelo... Lo que importa es otra cosa. A mí no me importa que vos tengas caderas grandes o piernas muy flacas... Además, ¡qué me queda a mí, entonces!
— ¿Vos pensás que tengo las piernas muy flacas? ¡Soy un monstruo! Andate. No me mires más.
— Yo no dije eso. Dije que no me importaba.
Y así siguieron un rato largo hasta que ambos se cansaron del llanto y se acostaron.
Ella pensaba que su busto era muy pequeño, pero aparentemente a él no le importó: comenzó por ahí. Siguió por todas las partes hermosas de su horrible cuerpo, y terminó en el Cielo.
No hablaron más del tema. A él no le importó ninguno de sus defectos. No porque la amara, sino porque nunca bajó de sus ojos. Ella tenía en los Ojos las caderas de Cleopatra, las piernas de Venus, la Cintura de Mae West y la sensualidad de Brigitte Bardot.
Ellos fueron desinhibiéndose con el tiempo. Expresaron su amor de todas las formas posibles, y sus caderas dejaron de ser un problema para ella. Para él nunca lo habían sido.
Ella comprendió que su cuerpo era suyo: tenía que disfrutarlo ella, y nadie más que ella. Sus inhibiciones le habían hecho estar a la defensiva toda su vida. La habían perjudicado en su vida social, y le habían cortado casi toda su vida sexual.
La inseguridad está en todos lados: la alta quiere ser más petisa, la petisa usa tacos de 20 centímetros, la "gordita" (estereotipo horrible si los hay) quiere que se le marquen las costillas, la que tiene tetas se saca, la que no tiene se pone, la narigona se la lima, la que no la tiene no tiene personalidad, la rubia quiere ser morocha, la morocha quiere ser rubia... Y, probablemente, todas sean hermosas a su modo.
El autoboicot había estado siempre presente hasta ese momento, en el que comprendió que arriba de la cama no hay títulos de nobleza: lo que no es visiblemente lindo, puede serlo al tacto; si no se siente suave, siempre puede ser rico.

sábado, octubre 01, 2011

poesía

tierno útero erótico
distantes cientos de sentidos sustentados
por primeras imprecisiones
lujuria lejanos lujos

ya sin lo suyo su yo simbiótico
irriosorios residuales recordados
mismos cismas necias misiones
de ruptura raptos eruptan corruptos flujos

olió rico
empapadas
canciones
dibujo

la ignorancia del diagnóstico
de los condenantes hechos consumados
delirios o visiones
del Matadero Cardíaco sin tapujos

jueves, septiembre 29, 2011

Amor es eso que no es eso

Alguien expresa algo, eso. Alguno siente lo desconocido. Llega al destino soñado. Nadie entiende. Alguno creerá que cree que pasa por la fe. No pasa. Por la fe ni por nada. Siempre fue nunca. Siempre fue así. Hermetismo eterno del reloj de arena. No quiero que comprendas. No comprendo que quieras comprender.

Volvió al Edén, de donde nunca se hubo ido.

miércoles, septiembre 28, 2011

Walt Disney

Se despertó desorientado y miró a su alrededor. Hacía rato que había dejado de soñar. No se podía mover. Escarcha, nieve y ventisca.

¿Estaba en su cama? Sí. ¿Era invierno? No. ¿Moriría de frío sin poder siquiera moverse? Sí. intentó respirar, y tosió hielo. Le salía humito de la boca. En algún momento recordó que su cuerpo estaba a 37ºC, y que no podía hibernar, menos en enero, menos en Buenos Aires, menos luego de una noche ardiente de sexo vacío.

Recién ahí recordó a su chica. Era su novia. La llamó con un grito desesperado. Respondió el eco. La llamó de nuevo, tomándose la molestia de pensar si ése era el nombre correcto, si él era quien creía que era, y si existía un mundo fuera de sí, independientemente de la pesadilla de la inmovilidad.

Ya con su brazo descongelado se tanteó la cara, se tocó el cuerpo y con la poca sensibilidad que tenía comprobó que estaba entero.

Podía ver los primeros rayos de sol entrando por las rendijas de la persiana, que al pasar por el cenicero de vidrio formaban una perturbadora mancha arcoiris.

Podía escuchar algunos ruidos de la calle, y sus propios insultos. Podía escuchar sus pensamientos, pero cada tanto un auto con música fuerte lo distraía. Tarareaba y maldecía las canciones de los vehículos.

Podía oler las últimas cenizas de un sahumerio que había prendido la noche anterior, tal vez de canela. ADemás había un dejo de perfume de mujer: era el aroma del amor, del no amor, de la lujuria: el de su novia, la que lo había abandonado.

Finalmente se liberó el torso y empezó a hacer fuerza con las piernas. No sentía los dedos de los pies, pero ahí estaban.

Tal vez ayudó el sol en el derretimiento del bloque gélido. Salió de la habitación y gritó el nombre de su mujer. Ella no estaba. Intentó llamarla por teléfono, pero nunca encontró su celular. Salió de su casa para ver si todavía existía el mundo, si no se había congelado todo.

Todo era normal, pero él todavía echaba humito. Estaba agitado, puteando por dentro y por fuera. Corrió una cuadra, pero no había nadie alrededor. Recién a la cuadra siguiente vio a un portero manguereando la vereda.

Recordó dónde podía estar su celular y volvió a su iglú. se resbaló dos veces, pero no se rió de sí mismo por el tropezón. Maldijo y blasfemó como nunca antes, hasta que aprendió que tenía que caminar con más cuidado.

Ahuyentó a un oso polar que revolvía su basura, y se preparó un huevo frito de pingüino. Mientras se hacía se le ocurrió ir al garage, para ver si su chica se había ido, y si se había llevado el trineo. Por suerte, estaba todo en orden.

Terminó de comer, pero le dio frío, por lo que abrió la heladera para calentarse, de donde sacó una gaseosa que estaba congelada, y la calentó a baño maría con orina. El inodoro no sirve si el agua está en estado sólido.

Fue al kiosco a comprar pastillas de mentol, a las que tal vez era adicto. Pagó con cambio y volvió a su casa. Ya era media mañana, y el sol calentaba toda la Ciudad, o casi.

Se fue a bañar y al prender el calefón encontró una nota de su novia: "Te dije que nuestra relación era muy fría, que no íbamos a llegar a ningún lado. Te dejo. Es al pedo seguir así. Supongo que no te va a doler, porque esto no daba para más."

Puteó. Mucho. A ella. A Dios. Se puteó como nunca y trató de entender qué había hecho mal. La acusó de infidelidad, la maldijo. Pensó que seguramente estaba con otro, en ese mismo momento, de hecho. Se la imaginó en una orgía con todos hombres, lujuriosa, en celo. Se hizo toda la película y se sintió cornudo como un ciervo.

Cuando se dio cuenta de que era en vano lamentarse, entró al baño. Se preparó la toalla y corrió la cortina para meterse a la ducha. En la bañadera encontró el cuerpo de su novia. Pensó que se había suicidado.

La autopsia arrojó la causa de su muerte: hipotermia.

martes, septiembre 27, 2011

¿Prometeo?

No sé cómo, pero resucita siempre. Nunca murió. Siempre estuvo latente, expectante, agazapado. Sigilosamente me ataca de nuevo, y es en vano luchar. Soy presa nocturna. Conoce mi anatomía, le apunta a la yugular. Me desangro y ella bebe mi sangre y come mi carne. Desgarra mis músculos y disfruta de la presa. Nunca pensó que iba a comer tan bien todos los días, todas las noches.

La culpa es mía por no oponer resistencia, por creer que el sol me va a purificar, a devolverme la luz, la Razón, esa cosa tan exacta, fría y calculada que no le deja lugar a la violación voluntaria que padezco cada vez que la veo; la corrupción de la carne que me hipnotiza y esclaviza con mi consentimiento.

Yo no quería, pero sus ojos pueden más, su boca susurra boludeces hermosas, mientras me mira y ambos sabemos lo impune de nuestro delito. Nos declaramos culpables, alegando demencia, emoción violenta y toda esa mierda.

Mañana nos arrepentiremos, supongo.

Ciclos

La vida nos acercó y decidimos alejarnos. Otras vidas y otros universos nos acercaron y alejaron una y otra vez, para siempre y para nunca. Sé que estás, pero no sé dónde ni cuándo. Sé que es tarde para lo nuestro, pero nunca se termina lo que no se empieza, y la demora siempre habrá valido la pena. Tal vez empezamos al revés. Tal vez nacimos amándonos y la Perfección nos asustó. Tal vez estamos en otras etapas, o en otros caminos, en líneas paralelas que nunca se van a cruzar. Tal vez no nos volvamos a cruzar. Tendré que hacer lo mismo de siempre: simular que no existís, engañarme, engañarte, engañarnos, mentir. No hay realidad más obvia que el amor y su big bang químico, de olores, sabores y sensaciones, violencia hasta extrasensorial, el Deseo ansioso que simplemente lo sabe: estás cerca.

Miro y nada. Estás, lo sé. Pero no me ves. No nos vemos. Somos vecinos, pero estamos condenados a no cruzarnos nunca. Quiero que nos crucemos como perros, pero siempre termino crucificado, con las heridas expuestas, esperando una palabra más de tu parte, un gesto, algo que me diga que sí somos lo que yo tampoco te quiero decir.

Y eso pasa porque hablamos. Creemos en un lenguaje racional vacío, que no expresa sentimientos. Los sentimientos están ahí: cerrá los ojos. Te beso. Callate. No digas nada. Besame. Así es más fácil.

Despertá. Ya no estoy. Me fui. Nunca existo. Vos tampoco. Somos Ideas de Perfección: somos el Amor. Qué bueno conocer a alguien como yo. Soñadora, ilusa, estúpida, inocente. Volvé a la tierra. No somos perfectos, pero conformémonos. Mintámonos, que siempre vamos a sufrir si nos enamoramos del Amor.

No dejes de odiarme, pero pensá en mí.

Yo, el sufrido

La angustia no se va. Vive conmigo, o yo con ella.
Todos los días me levanto y me quejo de algo. Sufro cada segundo: la exigencia, la muerte, la vida, el vacío que genera no estar angustiado.
El odio y el amor. La posibilidad de ambos. El miedo al éxito y al fracaso. Sólo se disfruta cuando terminó todo, cuando se acaba, más tarde que temprano.
Pero hay que volver a empezar.

lunes, septiembre 05, 2011

¡Mmmmmmmmmmmhhhh!

empiezo serio
(necio intento)
me miento
pienso y repienso
siento y resiento

intento intentar no pensar no sentir
no
me tiento ante intensos talentos
violencia sensual
invade envenena
encantos abundan

invita convida comparte
entrega convites inmundos
bendita amante montada
mantiene mundana intensidad

contento y sonriente
retengo en mi mente
canciones ambientes impulsos
momentos sombríos
ambivalencia inconstante
arrepentimientos
sonriente y contento

cuántos intentos vencí tentaciones
cuento cuántos
ninguno
(NUNCA)

sábado, julio 09, 2011

No se puede hablar de elecciones porque hay veda política

1

Veda política. No se puede hablar de los candidatos. Sin embargo, ante la indecisión general y la falta de representatividad, siempre estamos los que decidimos votar en blanco, votar una feta de salame, un preservativo o ni siquiera ir.

Esta Democracia sumamente imperfecta es algo que nos costó mucho obtener. En lo personal, yo nací una vez instalada la misma, lo que marca mi total desconocimiento de lo anterior. En 1983 ganó la democracia: Argentina tenía sueños, ilusiones, esperanzas. Esto se reflejó en la cercana muerte de Raúl Alfonsín: nadie lo habría votado en estas elecciones, pero muchos de nosotros fuimos a "despedirlo". Su figura encarnó la democracia, pasó a ser un ícono, un símbolo.

Esto me hace recordar la frase "Con la Democracia se come, con la Democracia se educa, con la Democracia se cura" que dijo en su asunción: eran otras épocas. Tal vez se lo puede asociar con las viejas utopías, hoy, muertas: el Comunismo, el Anarquismo, o, incluso, lo que se siente al enamorarse, el hecho de tener algo por qué luchar, un camino a seguir.

Desde 1983 quedó demostrado que nada de eso se cumplió. En 2001 pedimos que se fueran todos y todos se quedaron. Es lógico que nosotros no sintamos esa algarabía por la participación política que se dio en ese entonces: estamos totalmente desmotivados, descreídos, desilusionados.

Sin embargo, la Democracia es el sistema más perfecto que se conoce, y sería escupir al cielo no rendirle homenaje. Aunque tengamos que votar al peor de los males, al menos peor, aunque no nos guste "elegir al que nos va a cagar", es una obligación no sólo legal, sino también moral, hacerse cargo de la participación cívica.

De últimas, ante la falta de representatividad, sólo hay que participar: ¿quién mejor para representarme que yo mismo?

2

La Democracia no es sólo un sistema político. Es una forma de vida. Hasta en el más duro régimen puede haber situaciones democráticas. No todo es vertical. Las relaciones horizontales siguen existiendo aún en sociedades hipercontroladas por el estado: si me junto con un amigo en la Alemania del Tercer Reich a dialogar sobre cualquier cosa, estoy en una situación democrática, de iguales. Incluso le puedo contar que Hitler me cae mal: "el pelotudo ese, con el bigotito..."

Asimismo, si la abuela le da a su nieto una orden, no hay posibilidad de diálogo: se está en una situación totalmente vertical.

La democracia es eso: diálogo. Por eso existe el Parlamento. Hoy en día las cosas no se discuten; simplemente se levanta la mano y se aprueba o desaprueba.

Sin embargo, a veces pasa que el debate deja de ser debate y pasa a ser combate. La gente se "bate" a duelo verbalmente. A nadie le importa lo que piense el otro, sino que se busca convencerlo de lo propio. No hay diálogo allí.

La sociología terminó influyendo a lingüistas en el concepto de que todo enunciado es respuesta a otro enunciado anterior, y que el mismo busca motivar una acción en el otro. Esto nos hace especular sobre todo, sobre si realmente toda relación humana es una relación de poder o no.

Aquí entra en juego la retórica: tratar de convencer a alguien de que haga algo, adornar un discurso para que el otro haga lo que uno quiere. Esto es muy triste verlo en relaciones horizontales, discursos supuestamente desinteresados, entre amigos.

Mi abuelo me decía "traete una soda", mientras que otro podría decir "¿traerías una soda?", y al fin y al cabo es lo mismo. La amabilidad existe, aunque, tal vez, también tiene que ver con el poder.

Por suerte existe la amabilidad que, como todo instrumento de poder, puede ser desinteresada.

Se puede sospechar de toda virtud, de todo valor, sí. Pero, por suerte, no siempre acertamos cuando pensamos que las personas sospechosamente bellas buscan un efecto en un tercero: hasta hay gente que no tiene la culpa de ser generosa. No todo está motivado por un fin.

De acá se desprende la idea del Tío Ben: "Un gran poder va acompañado de una gran responsabilidad."

3

Por suerte existe el diálogo desinteresado, en el que dos o más se ponen a tomar mate y a charlar sobre su vida. Eso se da en situaciones democráticas, de iguales. Sin embargo, el diálogo verdadero no es a lo que estamos acostumbrados.

Una profesora se explayó al respecto en una clase hace unos meses: el diálogo no es un mero intercambio de información. El diálogo va más allá: el diálogo necesita entendimiento, requiere de una postura propia abierta al cambio. Uno no dialoga con cualquiera. Uno elige con quién hacerlo. Dialogar implica estar dispuesto a recibir lo que el otro tiene para ofrecerme: la persona no es la misma antes y después del diálogo. Un buen diálogo nos llega al alma, nos toca, nos conmueve de alguna forma. Genera un cambio.

4

Esta forma de comunicación, casi la única real, se da con casi nadie. No nos dejamos tocar por mucha gente. Tal vez eso sea el amor: una comunicación de iguales dispuestos a cambiar y ser cambiados. Cuando alguien te llega al fondo del corazón, te transfiguró. De ahí no hay vuelta atrás.

El Amor es conexión. Conectarse con la otra persona, "LA persona" es mucho más importante que cualquier otra cosa. Todos los diálogos que se dan a partir del quite de armadura son maravillosos. Escuchar lo que sale de un fondo de alma para terminar en otro es algo impagable. La comodidad que se siente al hablar sin escrúpulos de ningún tipo es la mejor sensación de la tierra. El Amor es comodidad.

Tal vez por eso se le entrega el corazón a la otra persona, por la confianza que nos genera, que siempre es recíproca. El Amor es confianza.

5

También está el amor por los amigos, los familiares. Las charlas de padre a hijo generalmente no sirven para nada. Sí puede llegar a servir una conversación casual motivada por uno, que ahora sí está realmente dispuesto a abrirse y escuchar lo que la experiencia ajena tiene para contarle.

Por eso uno escucha a los amigos. Por eso "te cae la ficha" cuando esa persona te dice la verdad, la que no querés ver. Nuestros seres queridos pueden llegar a emocionarnos mucho cuando uno está dispuesto a ser emocionado, cuando dialoga desnudo, desde el corazón.

6

En este momento todos nos estamos planteando con quién dialogamos por última vez, y con quién no. Muchas veces uno tiene conversaciones superficiales aparentemente profundas, de las que uno no está dispuesto a llevarse nada. El amor fracasa inevitablemente cuando uno no se deja llevar. Las relaciones en las que uno no se predispone están condenadas al olvido.

La apertura de corazón es un derecho exclusivísimo. No es malo que así sea. Es lo que nos permite realmente conocer a los demás.

Yo quería un pokémon