lunes, septiembre 28, 2009

Mujer: ángel y demonio

Estaba en el templo y la vi venir. Estaba vestida de ángel. Sus ojos color (y sabor) miel mi miraron y me sonrieron como la primera vez, con esa frescura tan característica. Yo no sabía cómo responder: siempre fantaseé con volverla a ver, con sentir otra vez sus labios, con dejar de lado todo lo que nos distanció y volver a ser uno con ella.

Me quedé sin palabras. Se sentó a mi lado y hablamos un rato, hasta que empezó la misa. Me contó que siempre había estado confundida porque yo no le había dado nunca seguridades sobre nada. Solamente me remití a explicarle que las seguridades no eran más que las que tenía, que eran muchísimo más que suficientes. Tuvieron que pasar 7 meses para que ella se diera cuenta de que me había llevado un pedazo de alma suyo.

La misa comenzó, pero no prestamos atención a nada. Yo pensaba en qué querría ella de mí, dudaba sobre si esos brazos flaquísimos me iban a abrazar el resto de mis noches, o si sería como la última vez, en la que se fue a mitad de la noche y se llevó hasta a dios.

Me sonrió un par de veces, y me dejó totalmente embobado. Ella tiene una sonrisa linda. Se le forman huequitos a los costados, que le quedan muy bien en esa cara alargada, flaca, con pómulos salidos. Además tiene lindos dientes, aliento fresco y labios chiquitos. No se puede decir que bese bien, pero cuando hay amor, el resto pasa a un segundo plano.

"Dense el gesto fraternal de la paz" fue el Paraíso. Ahí no había dios, religión o mesías que valiera. Ella era todo. Desapareció el sacerdote, desapareció la gente, desaparecieron las luces, desapareció todo. Éramos ella y yo y nada más.

No perdimos la compostura, eh: fue un segundo solamente. Fue un pico casi de compromiso, como esos de una apuesta barata de adolescentes boludos. Fue un beso en el que sólo se tocaron nuestros labios, fue un mínimo instante... ¡Pero qué instante! Ese beso tuvo la fuerza de todas las bombas atómicas del mundo. Lo mejor es que después del big bang, las cosas se empiezan a mover. La onda expansiva me terminó de sacar del templo y la tuve que esperar afuera.

Mi cabeza ya estaba en un mar de rosas, colores y perfumes.

Cuando terminó la misa nos vimos. Nos besamos otra vez. Esta vez como nunca antes: fue un beso largo, mojado, lleno de cariño y pasión. Yo lloré en ese momento, pero ella no se dio cuenta, o al menos eso me hizo creer.

Estuvimos juntos 18 horas seguidas. La magia estaba intacta.

En un momento, a mi invasiva cabeza se le ocurrió salir del trance y le preguntó qué le había pasado. Mirando, otra vez, hacia atrás y no hacia adelante, ella me explicó que sólo me había usado para olvidar a un amor viejo, al que ahora le restó importancia. Yo me quedé molesto, pero no puedo quejarme: yo me la había buscado.

Ella se fue a clase y yo a trabajar. A esa hija de mil putas no la vi nunca más. Escuché que estaba saliendo con ése, al que quería olvidar. Me usó otra vez.

0 retroalimentaciones, feedbacks o RSVP:

Yo quería un pokémon