lunes, septiembre 28, 2009

El Odio

Te odio. Y odio odiarte. Es horrible odiarte, es lo peor que hay. No se odia a cualquiera. Quien es odiado tiene algún mérito. No se odia a quien no se ama. El odio implica respeto, estima.

El odio nace del amor, y hasta es la otra cara del mismo. El odio surge del amor así como la muerte de la vida: quien nunca fue amado no puede ser odiado. Quien nunca estuvo vivo no puede morir.

Por eso es tan irritante odiar a alguien;por eso es tan pasional, tan visceral. El odio nos sale desde adentro, y experimenta todo lo malo del amor: impotencia, negación, aceptación, proyección.

Por eso mismo nos enorgullece tanto que nos odien. Por eso ser odiado y no odiar es un sentimiento que nos hace bien: nos alimenta el ego, nos hace sentir superiores, mejores que los demás. Por eso hay gente que prefiere ser odiada antes que olvidada.

Por eso el odio no correspondido es tan feo como el amor no correspondido. Por eso se niega tanto al odio. Por eso tratamos de ser odiados por quien nos odia.

Porque el olvido es la muerte. No hace falta ser idealista para pensar que al no ser recordados morimos. Por eso la indiferencia mata. (Por eso "seguimos vivos").

El odio es el ejemplo más claro del "re-sentimiento", o "antisentimiento" para neologizar un poco.

Lo bueno es que es más fácil decir "te odio."

Tal vez la vida pase por ahí: no conoció el amor quien no amó ni fue amado, sino quién no odió ni fue odiado.

¡Me gustaría tanto decirte que te amo...! Pero quedaría en ridículo. Por eso sólo me queda odiarte. Te odio.

El amor y el odio están demasiado cerca. Tanto que no hay nada en el medio. Luego de determinado punto, se está en uno o en el otro, pero no se puede salir de estas dos únicas opciones. Por eso el olvido casi no existe. Por eso las canciones de olvido ("Si no supiste amar", "Vaivén", "Ya me olvidé de ti", etc.) son sólo negaciones, fachadas. El olvido tal vez sólo llegue realmente al canalizar en otra persona ese amor que genera nuestro odio.

Cómo me gustaría no estar escribiendo esto, y cómo me gustaría que no lo leyeras y supieras que es para vos... Y cómo te gustaría no leerlo, no recordarme. Cómo te gustaría no hacer esa mueca pícara cuando en algún momento "Lontano, lontano nel tempo" te acuerdes de mí.

Mujer: ángel y demonio

Estaba en el templo y la vi venir. Estaba vestida de ángel. Sus ojos color (y sabor) miel mi miraron y me sonrieron como la primera vez, con esa frescura tan característica. Yo no sabía cómo responder: siempre fantaseé con volverla a ver, con sentir otra vez sus labios, con dejar de lado todo lo que nos distanció y volver a ser uno con ella.

Me quedé sin palabras. Se sentó a mi lado y hablamos un rato, hasta que empezó la misa. Me contó que siempre había estado confundida porque yo no le había dado nunca seguridades sobre nada. Solamente me remití a explicarle que las seguridades no eran más que las que tenía, que eran muchísimo más que suficientes. Tuvieron que pasar 7 meses para que ella se diera cuenta de que me había llevado un pedazo de alma suyo.

La misa comenzó, pero no prestamos atención a nada. Yo pensaba en qué querría ella de mí, dudaba sobre si esos brazos flaquísimos me iban a abrazar el resto de mis noches, o si sería como la última vez, en la que se fue a mitad de la noche y se llevó hasta a dios.

Me sonrió un par de veces, y me dejó totalmente embobado. Ella tiene una sonrisa linda. Se le forman huequitos a los costados, que le quedan muy bien en esa cara alargada, flaca, con pómulos salidos. Además tiene lindos dientes, aliento fresco y labios chiquitos. No se puede decir que bese bien, pero cuando hay amor, el resto pasa a un segundo plano.

"Dense el gesto fraternal de la paz" fue el Paraíso. Ahí no había dios, religión o mesías que valiera. Ella era todo. Desapareció el sacerdote, desapareció la gente, desaparecieron las luces, desapareció todo. Éramos ella y yo y nada más.

No perdimos la compostura, eh: fue un segundo solamente. Fue un pico casi de compromiso, como esos de una apuesta barata de adolescentes boludos. Fue un beso en el que sólo se tocaron nuestros labios, fue un mínimo instante... ¡Pero qué instante! Ese beso tuvo la fuerza de todas las bombas atómicas del mundo. Lo mejor es que después del big bang, las cosas se empiezan a mover. La onda expansiva me terminó de sacar del templo y la tuve que esperar afuera.

Mi cabeza ya estaba en un mar de rosas, colores y perfumes.

Cuando terminó la misa nos vimos. Nos besamos otra vez. Esta vez como nunca antes: fue un beso largo, mojado, lleno de cariño y pasión. Yo lloré en ese momento, pero ella no se dio cuenta, o al menos eso me hizo creer.

Estuvimos juntos 18 horas seguidas. La magia estaba intacta.

En un momento, a mi invasiva cabeza se le ocurrió salir del trance y le preguntó qué le había pasado. Mirando, otra vez, hacia atrás y no hacia adelante, ella me explicó que sólo me había usado para olvidar a un amor viejo, al que ahora le restó importancia. Yo me quedé molesto, pero no puedo quejarme: yo me la había buscado.

Ella se fue a clase y yo a trabajar. A esa hija de mil putas no la vi nunca más. Escuché que estaba saliendo con ése, al que quería olvidar. Me usó otra vez.

Del suicidio

Muchas veces tememos por él. El nihilismo, la nada, y todas esas posturas que lo fundamentan están a la vuelta de la esquina y surgen ante cada desamor, desilusión o fracaso.

Siempre tenemos que tener en cuenta que es muy probable que seamos simplemente nada. Tal vez no todos nosotros, pero muchos de nosotros sí. Algunos no tienen motivaciones, no las encuentran en nada tras largas búsquedas, y están condenados a morir tras un tránsito estéril, artificial, una estadía totalmente desértica en esta vida.

La pregunta es ¿por qué no lo hacen? En una canción, Joaquín Sabina se proclama "torpe como un suicida sin vocación". ¿Cómo puede un suicida no tener vocación? ¿Existe el "no poder suicidarse" o es un último intento para vivir? ¿El suicidio es un acto de cobardía o de valentía? ¿Qué mantiene vivos a los suicidas?

Son preguntas que uno nunca podría terminar de responder. Si te vas a suicidar: primero, está seguro. Segundo, no molestes a nadie: tirarse abajo de un tren interrumpe el tránsito. Y tercero: por favor, no te arrepientas. Ah, y cuarto y más importante: no sobrevivas.

Es feo tener segundas oportunidades, más cuando ya tenés todo perdido. Imaginemos una persona sumamente infeliz, sin ningún tipo de bien ni voluntad. Decide suicidarse y hace la clásica tarjetita de "Sr. Juez" de las historietas. Se pega un tiro y sobrevive. Se pega dos más y sobrevive hasta que se queda sin balas. Desangrándose, piensa "ni esto me sale bien".

Sobrevive y se tira por la ventana del hospital. Su familia tendrá que pagar su velorio, se llenarán de culpas, y lo peor de todo: los empleados de limpieza del hospital tendrán que sacar la mancha roja.

Morir no es para cualquiera. Vivir, tampoco. A veces es mucho mejor morir joven que sufrir la decrepitud del cuerpo: pañales, falta de motricidad, pérdida de toda facultad nerviosa, perdurabilidad en la memoria como anciano (no como Domingo Savio, James Dean, Mirko Saric...)

Hoy en día podría ser un castigo vivir. Más allá de casos extremos, como la frontera israelí-palestina, los campos de concentración o la corrupción de menores en minas de carbón, nada nos garantiza felicidad. Vivir en la infelicidad es algo que no se sufre sólo en situaciones extremas.

La pregunta es si vale la pena vivir en un mundo que no vive en uno. Más allá de eso, el temor por un castigo divino posterior está latente. Obvio: si te suicidás, te vas al infierno, porque estás matando a alguien. Efectivamente, creo que el principio de todo pecado es la destrucción propia, más que la ajena, pero por un mecanismo más complicado que el simple "no hay peor pecado que el que se comete contra uno mismo".

Dicen que si te matás, en tu próxima vida vivís los años que te faltaban vivir en esta. Sería negocio si pensamos que, tal vez, nuestra vida sea mucho más feliz que esta, en la que, después de todo, nos estamos matando.

Tal vez, justamente, la infelicidad en la vida del suicida sea el propio castigo al suicidio si dejamos de pensar en un tiempo lineal: como me voy a suicidar, estoy pagando por ello.

Uno nunca sabe hasta que sabe. Lo cierto es que el suicidio es una decisión personal, pero afecta a muchos. No es malo ser egoísta a veces.

Yo quería un pokémon