miércoles, junio 09, 2010

Concreción (Piazza Pulita)

El amor es una partitura horrible que todos creen tocar. No hay una única forma de hacerlo, esto es muy claro. La relación entre los músicos es esencial; hasta me atrevería a decir que depende pura y exclusivamente de ello.

Algunos nos harán creer que hay una forma correcta y otra incorrecta, nos bajarán línea y creerán que vamos a tocar "bien" según su concepto, que vamos a ejecutar su partitura y que así llegaremos a ser excelentes músicos.

El amor es otra cosa: la partitura ejecutada correctamente no tiene nada qué ver con lo que corresponde. Si tocamos una partitura que no sentimos, lo vamos a hacer mal, muy mal. Es mejor ser uno y tocar bien y humildemente lo que uno siente como propio, y así, el público sabrá elegir si lo escucha o no.

Aquí vemos la frase de aquel profesor de literatura: "el amor tiene tantas realizaciones como personas existen."

Lo mismo pasa con la música. Por eso cada uno baila como le sale. La interpretación del ritmo en el cuerpo no es más que eso: la traducción de las vibraciones (tal vez, ni siquiera del sonido) en movimientos, como una extensión de la vibración misma, como parte del sonido; la total fundición y entrega del cuerpo a la melodía.

El concepto de bailar "bien" o "mal" no existe porque, mientras se sea fiel al sentimiento provocado por la música, se es "correcto" (en [horribles] términos epistemológicos.)

Por lo tanto, nadie sabe bailar, nadie sabe interpretar una partitura. Lo que importa no es hacerlo correctamente, sino como se lo sienta. No existen manuales para esto.

A músicos que recién se conocen sólo les queda improvisar. Sólo les queda conocerse a través de la música, de lo que esto les genera. Ellos pueden ser la pareja perfecta al interpretar de la misma forma la música, a través del amor, los silencios, las miradas...

Nadie es experto en todo esto.

Sólo equivocándonos y volviendo a empezar podremos lograrlo. No cualquiera puede empezar desde donde estaba. Los músicos sólo se conocen ensayando. Sólo tocando un instrumento se puede aprender a tocarlo.

Quien no se anima a jugar, jamás averiguará si lo hace bien o mal.

Sólo hay una forma de aprender a amar, y es improvisando, equivocándose y bailando cada canción.

Nuestra pareja querrá guiarnos; pero, más allá de lo mucho que sepa, tiene que saber que cada baile es diferente: aunque cada uno de nosotros tiene un pasado (y un futuro), éstos son nulos donde está el amor, donde estamos nosotros, Aquí y Ahora.

Algunos se creen expertos. ¡Pobrecitos!

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