martes, junio 15, 2010

Ponele MUTE y vas a ver que es lo mismo

Me decís que no te escucho. Me decís que nunca quise escucharte, que no te hago caso.

Podés decir lo que quieras, total yo voy a seguir igual; no hay diálogo entre nosotros.

Hablás, te llenás la boca de cosas, me contás banalidades y yo hago una mueca que emula una sonrisa porque no sé sonreír, y menos fingirlo.

Hablamos una hora sobre nosotros: especulaciones y juegos ridículos, interminables y recurrentes. Nos reímos y llegamos a un momento en el que me siento seguro, como nunca me sentí. Me hacés sentirme bien conmigo mismo, me hacés sentirme inmortal.

Yo sé que mis ideas te descolocan. Te animás a dialogar y, mientras nos sacamos las máscaras, descubrimos lo impredecibles que somos, lo que representa un desafío para esos que entienden el Amor como una relación de poder.

Es lindo sentirse irresistible.

Nuestras mentes vuelan y se expanden. En una hora de charla me hacés sentir mucho más que cualquiera en toda una vida. El amor se nos mete por los poros y cada vez que cierro los ojos veo desde el Edén a los tontos mortales, a los cuales ya no pertenecemos.

Pasan los días y mi memoria, prodigiosa pero nada emocional, no recuerda nada de lo que hablamos. Te enojás y me decís que no te escucho, que es al pedo hablar conmigo.

Yo sólo recuerdo los momentos. Todo pasa a ser tan subjetivo que no me importa nada. Recuerdo lo que me hiciste sentir, cómo nos besamos por primera vez, qué perfume tenías, y el momento en que el amanecer me hizo partir.

No podés decir que no me acuerdo de nada.

Lo cierto es que no me importa lo que me decís. No porque no tengas nada para decirme. Nuestra comunicación ocurre en otro tiempo, no es lineal, no es física siquiera. Tu voz es una autopista al cielo.

No me importa nada de lo que me digas, pero no porque te menosprecie, sino, al contrario: estamos más allá de todo eso.

No necesitamos hablar para entendernos. No necesitamos verbalizar nuestros sentimientos: las emociones pertenecen a un mundo superior al del vocabulario; estructurarlas es amputarles algo, es condenarlas a la desaparición, como todo lo físico: pasarían a ser mortales.

Pero el problema no es por la verbalización en sí, sino porque esto sería hacer todo algo secundario. A mí sólo me importa verte, estar con vos. Son momentos eternos.

No necesitamos llenar vacíos con palabras o besos: no hay vacíos entre nosotros. Estamos completamente llenos el uno del otro, el uno con el otro.

Tus ojos dicen mucho más de lo que puede llegar a decir cualquier libro. Sabé que no te voy a escuchar nunca.

Tus palabras son profanas. No entran en este juego (sagrado) que es el amor.

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