sábado, julio 31, 2010

El árbol no nos deja ver el bosque

Hace unos tres años, un profesor mío dijo que las mujeres manejaban mal porque tenían un campo visual más amplio que el de los hombres. Se supone que una mujer ve y puede estar atenta a todo lo que pasa en la calle, con una mayor propensión a distraerse. Se supone que una mujer mira para abajo y puede ver cómo está vestida una persona: si las medias le hacen juego con el resto de la ropa, si lleva el cinturón apropiado, si tiene algo en los zapatos, si el piso está limpio…

Esto fue algo que me quedó dando vueltas en la cabeza desde hace un tiempo. Después me dijeron que el recurso utilizado en estos tiempos es la sinécdoque, fácilmente comprobable al ver culos y tetas en las revistas colgadas en los puestos de diarios.

Este año, en un curso de poesía, un poeta hizo una observación: las mujeres escriben con todo el cuerpo, los hombres sólo con la mano; las mujeres ven un todo, la persona toda, el cuerpo todo, mientras que los hombres segmentan, recortan. “Vi un culo hermoso por el barrio de Almagro” es un ejemplo.

Históricamente, los hombres les cantamos a las tetas, a las piernas, a la cintura, a los ojos (de esto me hago cargo), a la sonrisa y a las emociones, aisladamente. Tal vez el hombre haya inventado el método inductivo, mientras que las mujeres hayan inventado el método deductivo.

Es muy tonto quien cree que porque uno es feliz, todos y todo alrededor también lo es. Esto no sirve a la hora de legislar: no puedo legislar para mí y luego aplicarlo a los demás. Tal vez los románticos pecan de ególatras en esto, y así es comprensible la exageración del YO tan característica y que tantos conocemos.

Todos sabemos que los objetivos de la sociedad no son individuales, aunque muchos crean que sí. No se puede ser feliz si el de al lado es infeliz. En esto se aplica el método deductivo. Es muy difícil llegar al Bien Común partiendo del bien personal.

Es muy inocente quien cree que todos pueden ser felices porque uno puede llegar a serlo. Pero más tonto es quien cree que porque todos son felices uno también lo es: la vida puede pasarnos por al lado y no darnos cuenta. En lo personal, tuve una época en la que mis alegrías eran las de terceros. Tiene que ver con el protagonismo y la mierda de la autoayuda, que si bien la estamos bastardeando un poquito, no debe ser dejada de lado.

Estas hipótesis son fácilmente comprobables: Ana Prada (mi cantante del momento) no le canta a las piernas, los ojos ni nada en particular, sino que habla en general. Pizarnik hace lo mismo en toda su obra. De poetas hombres ni voy a hablar porque creo que ni es necesario.

A modo de anécdota, una vez estábamos con unos amigos hablando y comentamos que a un chico X le había rebotado una chica muy, pero muy fea, casi sin autoridad moral (en realidad, estética) para rebotar a nadie. La conclusión que sacó uno de los allí presentes fue que “todas las mujeres le iban a rebotar siempre, porque le había rebotado esa chica.” El método aplicado aquí fue el Inductivo, una vez más.

En lo personal, me hago cargo de lo mío: cuesta, como hombre, reconstruir una imagen única, superficial, sin la necesidad de ahondar en cada una de las características de cada una de esos componentes. Más allá de todo eso, se puede decir que siempre el equipo es más que sus jugadores, siempre el todo tiene que ser más que la sumatoria de las partes individuales.

Tal vez nos enamoramos de diferente forma: yo miro los ojos de mi amada y me vuelvo loco. Las mujeres tal vez hacen al revés: se enamoran del todo y las partes pasan a ser hermosas individualmente… Tal vez por eso nos evalúan toooooodo el tiempo. Igualmente, creo que el amor es un camino de ida y vuelta entre ambas cosas: tiene lindos ojos, por eso la amo; la amo, por eso tiene lindos ojos.

Tal vez la subjetividad sea inductiva y la objetividad sea deductiva. Creo que de ahí se derivan los roles femenino y masculino y todo eso, de la cual descreo bastante. También está esto de que los órganos genitales femeninos son internos y los masculinos internos y todo eso… Pero es todo taaan relativo…

Era uno de los argumentos contra el matrimonio entre personas del mismo sexo: el hombre hace esto y la mujer hace esto otro: división de tareas eficiente en el capitalismo. Más allá de que creo que todo es una construcción, hoy en día los roles están invertidos. Sin ir más lejos, mi viejo es jubilado y hace las compras y algunas tareas domésticas más (será porque está bien domesticado.)

Creo que esto es aplicable a muchas cosas: me gusta la longaniza porque me gusta la pizza “calabresa” o me gusta la cebolla porque me gusta la fugazzeta. No siempre es igual. De ser así, 20 personas y una cama serían una orgía; y un huevo, aceite, una sartén y calor serían una tortilla de papas.

Creo que mi teoría se entiende, y, si bien me considero muy “femenino”, o, mejor dicho: considero que podría llegar a ser considerado muy “femenino” por quienes adhieren fervientemente a estas teorías.

Escribir sin segmentar tanto podría llegar a hacerme un mejor poeta. De hecho, podría llegar a ser “Bobby, el poeta travesti.”

Más allá de los chistes, la segmentación está presente cuando nuestra amada nos sonríe: sólo con eso somos felices. Por otro lado, también existen las dudas que nos genera, las “mariposas en la panza” que nos recorren cuando la vemos, cuando todavía estamos nerviosos por su presencia, sin haber llegado todavía a esa etapa de confianza. En ese caso, con sólo notar su presencia, ya nos alteramos: eso es el otro método, el deductivo.

Ella me genera cosas. Sus ojos me generan cosas. Ella me hace pensar en sus ojos. Sus ojos me hacen pensar en ella. Ella y sus ojos me generan cosas.

(Tal vez haya abusado del “tal vez...” O tal vez no.)

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