domingo, agosto 01, 2010

Justicia

Estaba con un amigo hace unos días y me remarcó algo interesante. No sé si estábamos hablando de videojuegos o de alguna otra cosa similar. Probablemente, por lo que me dijo, habríamos estado hablando de fútbol, y tal vez habría tenido que ver con la victoria de España en el Mundial.

Yo mencioné el concepto de "Justicia Poética," y él me preguntó, acostumbrado al otro concepto, si no era "Justicia Divina..." Antes, cada vez que se daba una situación de Justicia (el ejemplo más común es en el deporte), yo solía citar la Justicia Divina como resarciatoria de algún daño.

Recordando que ése era el concepto que usaba anteriormente, me pregunté si no tenía razón, pero para el caso era lo mismo: no importaba si la Justicia era impuesta por Dios o por el autor de algún tipo de ficción: lo importante era que la Justicia existiera.

Aquí surge el planteo sobre qué es la Justicia y demás, cosa que no voy a plantear, ya que, probablemente todo terminaría en una discusión moral-epistemológica-metafísica que no viene al caso.

El punto es que la Justicia es un concepto, y, como tal, depende de la captación racional, y no sensorial. Además, es algo relativo: no existe la Justicia Universal, sino todos seríamos jueces.

No obstante, si realmente existiera la Justicia Divina, no haría falta la existencia de un Poder Judicial que se encargare de todo esto: Dios haría lo suyo "y listo..." Pero no siempre sucede esto: todos sabemos el caso de la Ley del Embudo, el caso del hombre que tenía pan pero no dientes, y el "por qué a mí"

Lo bueno de la Poesía es que, más allá de que se crea en ella o no, siempre termina resarciendo los daños causados. Uno sabe que en determinados contextos, el “malo” va a terminar siendo castigado, mientras que el “bueno” va a terminar siendo premiado de alguna u otra forma.

Igualmente, a veces molesta que esto se realice mediante una fórmula obvia del tipo: bueno=recompensado; malo=castigado.

Sería interesante que pudiéramos llegar a complejizar la Justicia Poética castigando al buenudo, al que sufre porque quiere, al que espera la carroza y al que quiere quedar bien con todos pero no se la juega nunca.

Del mismo modo, no estaría mal recompensar al que dice lo que siente a cualquier precio, al talentoso evidiado, al que defiende lo que cree que le pertenece, al que es resentido contra la sociedad, y al que es feliz sin molestar a nadie.

La vida es mucho más compleja. Yo siempre pongo el mismo ejemplo: mi abuelo se refiere a Hitler como la peor persona del mundo, y, si bien no está muy lejos de la realidad, el fenómeno del nazismo no se explica sólo porque un loco llegó al poder: lo dejaron llegar. No creo que Adolfito le pegara a la mujer, pateara al perro e insultara a los hijos cuando llegara a su casa.

Las cosas no son tan simples.

La Poesía nos permite acomodar todas esas cosas. Si cada uno de nosotros escribiera La Divina Comedia como lo hizo Dante, pondría en el Infierno a cada uno de sus enemigos, y se divertiría muchísimo tratando de impartir la Justicia que no ve en el día a día.

Lo bueno de la poesía (y la ficción en general) es eso: cada uno se la apropia a su gusto y es libre de moldearla según su conveniencia: si fuera por mí, a la madre de un amigo ya la habría matado, a otro lo habría mandado a vivir bien lejos, y a alguno que anda dando vueltas lo habría vuelto mudo, así no hablaba más pelotudeces. Está en cada uno saber aprovecharlo.

No hace falta decir que uno escribe y lee para escaparse del mundo: la creación de universos paralelos sirve como escape de éste, que no es “el mejor de los mundos posibles” (ni mucho menos). Ésa es la función del Arte.

Cuando Dios no está o se hace el boludo, cada uno de nosotros puede inventarse un mundo particular y único y tergiversar lo existente para convertirlo en otra cosa, algo diferente, que nos va a hacer felices.

Demás está decir que la Justicia Poética no existe fuera de la ficción, y la Divina, probablemente tampoco, al menos no en esta vida.

En lo personal, yo sé qué está demás, quién es cada uno, qué partecita de justicia es realizable y cuál no… Pero mantengo la ilusión (propia y/o de los lectores) de que las cosas cambien.

Es un buen motivo para hacerse escritor: mandar al Infierno (creo que en este blog no se puede decir "mierda") a los que no nos gustan, matar a quienes nos caen mal, y, obviamente, amar a quienes amamos y ser amados por quienes odiamos.

El valor de la ficción es ése.

No siempre gana el que mejor juega… Pero debería. Estoy seguro de que debería.

0 retroalimentaciones, feedbacks o RSVP:

Yo quería un pokémon