viernes, septiembre 03, 2010

Buenos Vecinos

Esta es la historia de dos vecinos. Uno se mudó al departamento de al lado del otro, en una torre del barrio porteño de Boedo. Demás está aclarar que antes de eso no eran vecinos.

Vivían en el piso 14, uno en el C y el otro, en el de al lado, el E. Una medianera evitaba el contacto visual entre ambos, quienes, sin saberlo, eran muy parecidos.

Ambos creían que la vecina del 14 F, del otro lado del pasillo, podría llegar a estar con ellos. Esta era una chica simpática, siempre dispuesta a saludar con un beso y a hablar más que de fenómenos meteorológicos. Eso les encantaba a ambos, que estaban un poco resentidos con las mujeres por diferentes -o las mismas- razones.

Ella no lo hacía a propósito: sólo era simpática. Hacía todo naturalmente. Tenía una cara muy expresiva: se le podía leer el alma en sus gestos. Los dos vecinos creían que tenía onda con (cada uno de) ellos.

La primera vez que bajaron los tres en el mismo ascensor, fue muy incómodo. Al menos para ella. El 14C y el 14E terminaron discutiendo sobre cosas que no sabían, sin escucharse el uno al otro, compitiendo para ver quién era el macho alfa del ascensor, lo que en mi barrio se llama "taita" o, simplemente, "compadrito."

Ella se fue a yoga pensando que sus vecinos estaban locos, y no le prestó demasiada importancia al asunto. Sí notó que ambos se comportaban de diferente manera para con ella de lo que lo hacían el uno con el otro. Ella supuso que nunca se podría hacer una reunión amena entre los compañeros de piso, lo que la desilusionó mucho.

14E y 14C se odiaban, pero en realidad eran más parecidos de lo que creían: no sólo les gustaba la misma mujer, sino, además, casi todo: las mismas comidas, los mismos horarios, idéntica música. Esta clase de cosas era las que le hacían pensar a 14F que se podrían llevar bien, pero su sola existencia era el impedimento de su deseo.

Bajaron algunas veces más: 14C tenía reiki todas las semanas, y sabía que llegando tarde cinco minutos, compartiría el ascensor con la vecinita. Por su parte, ella sabía que si salía temprano para su clase de yoga, se encontraría con sus dos vecinos. 14E era un acosador, simplemente: siempre inventaba excusas para bajar con ellos, y en algún momento sugirió que era el del C quien mentía sobre sus actividades para descender en el ascensor con la vecinita.

Ella no notaba nada raro, pero empezaron a incomodarle cada vez más peleas que pensaba que no la involucraban, lo que, al fin y al cabo, era cierto: ella no tenía la culpa de ser ella. Pero, además, cuando peleamos contra un enemigo mortal -quien finalmente no es otro más que alguien igual a nosotros- lo hacemos sin razón, sólo por una falacia ad hominem.

Alguna vez se cortó la luz con ella y uno de ellos en el mismo ascensor. Esos segundos de entrepiso fueron eternos para él. El otro lo acusó de haberlo hecho a propósito, de haber cortado la luz en la mitad de la Ciudad para estar solo con ella. Incluso llegó a desarrollar una teoría conspirativa, sosteniendo que tenía un pariente lejano de un amigo de un ex-compañero del colegio que trabajaba en Edesur...

Terminó odiando a ambos, evitándolos, incluso sabiendo que su trato individual era ameno y hasta atractivo sexualmente. Obviamente, nunca pudo escoger a uno de los dos, porque entraban en el mismo conjunto, eran exactamente lo mismo para ella. Eran vecinos agradables, pero con algo raro, algo molesto: una obnubilación, un ceñimiento sólo a la búsqueda de conflicto. Ella podía suponer que ellos tenían problemas, que eran malos vecinos, pero tampoco le interesaba demasiado el por qué.

Alguna vez compartió ascensor con sólo uno de ellos, mientras el otro esperaba a destino, o llegaba sólo para verlos saludarse con un beso desinteresado. Eso molestaba muchísimo al espectador, quien pensaba que ya había perdido la disputa. Eso era para cada uno de los vecinos contiguos: una disputa. No cabía la opción de que ella estuviera con un hombre fuera del edificio, fuera del piso, fuera de esos dos departamentos, el 14C y el 14E.

Sin embargo, se interpusieron varios en su camino: "éste es mi novio", disparaba al corazón. Ninguno la satisfizo realmente, pero ellos se hacían la cabeza, afirmaban que sí. Cada uno tenía momentos de debilidad, donde creía que ella estaba en ese preciso momento con el otro, y así trataban de escuchar lo que decían, se imaginaban que cualquier ruido era un gemido sexual, un "te amo", una caricia, el Salto del Tigre.

Una vez se encontraron con el del 14H. Salieron todos a sacar la basura al mismo tiempo (porque así lo había programado cada uno). El del 14H la saludó igual de cordialmente a la del departamento F y los otros dos se retiraron con honor, pero refunfuñando en otras lenguas por dentro.

Al día siguiente, 14H compartió ascensor con 14E, y le dijo que era una chica linda. 14E no lo pudo tolerar. Le contó a su vecino del C, y le sugirió boicotear al nuevo rival.

A 14H no le importaba su vecina, pero aún así se vio perjudicado por los demás propietarios (o inquilinos, vaya uno a saber.) En las reuniones de consorcio debatían horas, e implícitamente, acordaban estar en desacuerdo.

La chica del F se mudó, y pasaron muchas chicas lindas por esa torre. Algunos se jactaban de haber estado con una o con otra; incluso con la del 14F antes de que se mudara. También con la actual del mismo departamento, una ama de casa millonaria y muy bien conservada.

Los vecinos del 14 E y C se siguieron odiando etarnamente. Tal es así que uno se quejaba de la música fuerte del otro, mientras hacía lo mismo, recurriendo a la ley del Talión. Incluso llegaron a escuchar música que odiaban, sólo para molestar más a su vecino.

Se golpeaban la pared pidiendo silencio, o ruido, o una respuesta para re-responder, en un diálogo en código morse sin fin.

La tensión creciente llegó a su pico. Se juraban que se iban a matar si se encontraban en el pasillo. El del C le dijo al portero que si se lo cruzaba, lo iba a estrangular. El del E le dijo a la del 13G, que sabía todo de todos y lo divulgaba, que lo iba a cagar a trompadas. Incluso se dejaban notas y mensajes por Facebook (porque se habían agregado para caerle bien a la ex-vecina del 14F). Siempre estaban hablando mal uno del otro, y enunciaban amenazas al aire.

Una vez estaban ambos con visitas, y a través de la pared se escuchaba "al de al lado lo voy a cagar a piñas", y el otro decía "no le pego porque me da lástima", y esa clase de cosas. No se cruzaban nunca. Pero ese día, sí se cruzaron. A través de la pared armaron una carrera armamentista, y ambos salieron al pasillo, amenazantes y amenazados.

"Buenas tardes" se dijeron, y volvieron a sus casas. "Éste es un cagón: me amenaza y después Se come los mocos... Ya lo voy a agarrar..."

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