domingo, septiembre 26, 2010

Ciclos

A la hora de escribir llamamos a las chicas, las hijas de Mnemósine, que nos ayudan un poco, por no decir que hacen todo el trabajo por nosotros.
Todos tenemos que tener una musa, alguien o algo que nos inspire, exista o no. Puede ser el amor de nuestra vida, el desamor, el odio, la muerte, Luciana Aymar, o cualquier cosa. Todos sabemos que sin eso, la poesía no existe, o que, en palabra de Gustavo Adolfo, la poesía es eso; nosotros sólo somos traductores (inevitablemente traidores), decodificadores.
Aquí cabe hacer una aclaración: las cosas horribles también son poesía, poéticas, poetizables. De hecho, en el párrafo anterior, nombré más cosas horribles que bellas, las cuales también cumplen su función de Musas.
Hablando de traición, mi edición de Les fleurs du mal, irónicamente bilingüe, en el prólogo no cuenta sobre la vida del autor, sus amores, sus desamores, su complejo de castración y muchas cosas más.
El pobre Charles tiene que entender que su obra puede ser analizada, y que las conclusiones que se sacan sobre la misma y sobre él no le van a gustar.
Por este camino me planteo si algún día alguien hará algún tipo de análisis sobre estos textos vacíos: si el ciclo d Marie Daubrun existió, si en algún momento existió una, ninguna o más de una musa que inspirara estos versos, de los que sólo me hago cargo en momentos de victoria, con el resultado puesto.
Me encantaría realizar un análisis de mis ciclos, de mi vida, de las cosas que le escribí a tal o a cuál... Yo sé que hay dos musas más importantes, pero no sé qué pasará ahora, si esta tercera existe, si reencarna a las anteriores, si sólo es un destello, un flash, algo que no valga la pena fuera de la poesía.
Me gustaría saber qué habría pasado si las cosas se hubieran dado de otra forma. Me habría encantado escribirle a alguien mejor, a alguien que me mereciera, habérselo dicho: "mirá, ésta sos vos. Sos esta poesía horrible, posromántica, GRASA... Pero es toda tuya."
Quiero cerrar este ciclo, el mejor, el más fuerte, el de las ideas explosivas, las palabras a la velocidad de la luz, los sentimientos intensos, la incertidumbre, lo desgastante...
Tal vez sea imposible. Tal vez tengamos que volver una y otra vez a lo obvio de sus ojos negros, su flequillo, su obvio e indisimulable nombre precariamente camuflado, las alusiones a su cobardía, nuestra conexión, ella, yo, ELLA Y YO. NOSOTROS...
Fin... ¿Fin?

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