Hay un lugar donde van todos los penantes de amor. Es el infierno físico, el del cuerpo, aquel que sólo les pertenece a los que sufren como nadie, que no pueden amar, que desprecian ser amados, y que no son correspondidos.
Es un lugar orgiástico, puramente hedonista, inmoral para los burgueses que creen que viven. Muchas veces se lo ha intentado cerrar, clausurar, vetar y prohibir, pero sabemos que estas acciones moralistas sólo las realizan los más inmorales cuando del otro lado del mundo es de día.
Hay lugar para todos: los cornudos patológicos se enamoran de infieles, los infieles son engañados, vulnerando su doble moral de macho invencible. A quienes no les importa este engaño, comienza a importarles.
La principal actividad son las orgías: personas de todos los sexos se reúnen a disfrutar del sinsentido absoluto. Quien se enamora huye llorando, al ver que todo a su alrededor es vacío. No se puede soportar ver a su enamorada con otro, pero, en el fondo, todos sabemos que está MAAAAL enamorarse en un segundo, por un segundo, incluso.
Tal vez ésa sea la causa del sufrimiento de todas estas personas: la aceleración de 0 a 100, que hace que los cobardes se asusten, teman ser felices y escaparse, románticamente, con el amado/a.
Por eso sufren muchos, pero, probablemente, menos que los causantes de esto: no hay nada peor que ser cobarde. La seguridad es algo aburrido al final.
(Si estás leyendo esto, escapémonos.)
En este infierno terrenal no se puede hablar. Sólo se tiene sexo en diferentes habitaciones señalizadas según el tipo de sufrimiento... ¡Como si esto fuera a paliar el dolor!
El lugar fue fundado hace miles de años: suponemos que a lo largo de toda la humanidad se ha sufrido por amor, que cada uno de nosotros es sólo una reencarnación de ese sufrimiento, ese vacío polisintomático inaccesible. Tal vez fue un tonto sufriente, como muchos de nosotros, quien lo fundó. Suponemos que luego se enamoró y dijo que todos los que asistían ahí eran maricones. También dijo que eran degenerados, pero lo importante es que eran tontitos que sufrían al pedo, que la vida es alegría y que qué sé yo...
Esa persona sufrió, pero no era un sufriente patológico. Era, sí, hipócrita. El sufrimiento amoroso sólo lo entiende quien lo padece. El amor es eterno mientras dura. Cada momento es eterno. Cada sentimiento se vive en exclusividad: yo ya no soy yo, soy mi sufrimiento... ¡Déjennos amar en paz!
Escépticos agnósticos creen que era un tonto (siempre tiene que ser tonto, no sé por qué) que sólo quería hacer orgías, quería divertirse en un espacio circunscrito, lejos de toda moralina reinante respecto de estructuras estructurales estructuralmente estructuradas.
Estas personas no saben nada: una orgía no se hace sin enamorados. Las orgías sólo existen a partir del amor. Las orgías, como todo, son sólo una excusa, un pretexto para que una única persona tenga una relación sexual con otra. El resto son bolo, relleno.
Este lugar debería tener fecha de vencimiento: no hay sexo que suplante al amor. Es más: el llanto poscoital es más largo que la orgía misma. En realidad, se cree que el objetivo actual de este centro orgiástico es el llanto poscoital, porque es la actividad más importante que se realiza allí, incluso más que la consigna de sexo libre.
Todo intento de desahogo es contraproducente para quien sufre por amor. No hay orgía que valga. Se puede tener sexo con mil personas, pero sólo importa Ella, quien, casualmente, no está.



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