Spleen e ideal. El mundo se destruye y vuelve a construirse una y mil veces. El cielo se da vuelta y nos quema. El Sol ilumina desde abajo, proyecta la sombra de lo más asqueroso, lo horrible, lo bajo, lo hermoso, lo efímero y eterno.
Sus ojos son dos canicas. Me mira y sonríe. Ella lo sabe. Lo ignora. No lo cree, pero quiere creer que no lo cree, porque lo sabe. No lo piensa porque lo siente, pero mientras no lo piense, estaré bien.
Siempre es ella. Siempre. No sabe lo que quiere porque quiere no saber que no sabe querer. Si me quisiera como yo la quiero, sabría querer como se debe.
Siempre me pregunto por qué. Ella no lo sabe. Ni se lo imagina. Piensa que no es ella, que es otra; mientras que otra se cree mi dueña, ama, cortesana... Pobrecita.
Tantos rodeos en mí. Tantos en ella. Tantas vueltas, espirales heptadimensionales revolviendo las revueltas revoltosas de nuestro ser.
Ella no sabe.
Yo no sé.
Somos dos tontos intentando intentar llegar a algo, aunque la nada sea. Aunque sea la nada. Todo es insatisfactorio. Ella no está segura, no sabe, no quiere. Yo sé que sí. Mañana vemos.
Pensemos menos. Al menos yo. Siempre a posteriori. La vida no se vive de atrás para adelante.
Sus ojos...
Su figura crece con el tiempo. Sus referencias están presentes en todo. Es el parámetro, el metro, el canon, todo lo supremo. Su comparación es innecesaria. Siempre gana en todo. Siempre hace todo bien en mí, hasta matarme.
Trato de no pensar en ella, de priorizar mi poesía, de escribir. De matar a la musa antes de que mate al Poeta, al personaje. Sólo muere la persona, el autor. La poesía vive eternamente, nadie la mata: allí está, desde hace años. Sólo basta traducirla, expresarla, leerla... Sentirla. Sólo hay que sentirla. La poesía sólo vive así.
La muerte del autor, el Cordero, sirve para la resurrección de la poesía y el mundo real. Otros viven a partir de ella. Le chupan la sangre y creen estar cerca de lo que un pelotudo (pero Genio al fin) pensó, escribió, transcribió y rescribió. Todos creen saber quién fue exactamente el Poeta, pero nadie lo conoció realmente. Nadie sabe bajar al Infierno y volver a subir; nadie sabe llorar la propia muerte, el vacío, lo abismal.
Sufrir no es hermoso, pero tarde o temprano termina terminando con la temprana tardanza del amor esperanzado. La espera es mortal. La vida es esperar la muerte.
El sufrimiento del Poeta es el goce de la poesía.



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Hola, Bobs! Me gustó mucho, especialmente la metáfora sobre la poesía y el poeta. Me sentí bastante identificada con eso de la necesdad de escrbir. Felicitaciones y saludos
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