El pronóstico para hoy es: Fuertes ráfagas de vientos venéreos de 300 km/h. Posibilidad de centrifugación de los mismos: el tornado gira y arrasa todo a su paso. Chupa todo sin dejar nada. Te chupa la sangre y nunca te devuelve el corazón. Se lleva tus ojos, tu inocencia. Succiona todo a su paso y no te deja escapar. Yo no quiero eso.
Silencio. ¿Qué pasa? Las cosas vuelan a mi alrededor. Sin embargo, yo estoy tranquilo. No escucho nada, tengo la mayor paz que experimenté en mi vida. Desierto de quietud inmóvil. Dicen que la paz es interior. Por eso se le desea a otros en la misa, cuando te beso y me sonrojo como tonto. La paz no es la ausencia de guerra; el ejemplo es la guerra fría, ese período horrible en que nos vigilamos, nos miramos de reojo, esperamos que suene el teléfono rojo, sin que su timbre timbre. Porque tu Kremlin es frío y rígido; pero yo tengo el armamento necesario para ablandarlo, y lo sabés. Porque las Potencias Mundiales serían felices si trabajaran juntas.
Es el ojo del huracán, el viejo oxímoron de la "tensa calma." El huracán lleva tu nombre y ahí vuelve. Me atrapa, me revolea y estrola contra el suelo. Se ríe de mí y espera que reaccione...
...El hombre todavía no domina los fenómenos meteorológicos ni las hormonas. No existe una reacción más allá de la aceptación. El golpe duele. Va a doler una y otra vez. Va a volver. El Ojo sólo anuncia otra catástrofe. Los ojos en general anuncian dulces sinsabores de empalagosa insipidez, y todo lo posterior: acidez, hemorroides, malestares varios. Las miradas hipnóticas, vampirescas, viudinegras, arácnidas. Los amores nacen de pie. Los dolores de parto son la maldición del Génesis.
Por eso escapo del huracán. Me golpeó otra vez. Me voy a mudar a un lugar donde esto no suceda. Me voy a mudar al 2011.



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