miércoles, diciembre 29, 2010
Blizzards y otros fenómenos
martes, diciembre 28, 2010
Inspiración (el arte como catársis)
No sé si te pasó alguna vez...
viernes, diciembre 24, 2010
Feliz Navidad.
martes, diciembre 14, 2010
Poeta se nace
El poeta enmudeció un día. No supo explicar por qué. No supo poetizar sobre su silencio. Se quedó vacío, más que de costumbre. Luchó contra sí mismo en una batalla que estaba condenado a perder. Salió, conoció la tierra para llegar al cielo, utilizó su memoria emotiva, destruyó lo construído y jugó con los juegos lúdicos de palabrerío barato. Pensó que le pasaba algo, que necesitaba de algún tipo de ayuda: la droga, la falta de sueño, el amor, el desamor, la lujuria, la envidia... Todas fueron citadas, pero ninguna logró su misión. Logró sumisión ante ese vacío horrible, el peor de todos, el que volvió para quedarse. Renegó de su vida, su historia, su genética, su familia y sus decisiones. Se quedó en la nada, la ausencia, la soledad, la desnudez... Se dio cuenta de que no tenía más qué decir, se quedó en la nada. Su Vida había terminado: uno es en tanto hace cosas. Un poeta que no crea no sirve. No sirve para él, a nivel personal, no social-utilitarista-capitalista-pesetero-mercantilista: en este sentido nunca sirvió, porque la poesía es Nada, pero también es Todo. Siguió con su vida, pensó en matarse, leyó y envidió a otros, destruyó y estimuló ("desordenó") sus sentidos, reconstruyó los momentos eternos siendo sólo un espectador, un testigo, un extranjero. No pudo Vivir más y se retiró hasta que la Inspiración volvió sola, en el momento más inoportuno, menos oportuno. Oportunista, aprovechó la oportunidad. Y vivió . A pesar del Sufrimiento vivió. Y sobrevivió a su propia vida (a pesar del sufrimiento.) Vive en su poesía. Revive en cada lectura. ¡Vivan los Poetas!
sábado, diciembre 11, 2010
pelotudos
martes, diciembre 07, 2010
El precámbico es aburrido (la vida lineal)
Muchas veces me pongo a pensar sobre qué son las cosas que me inspiran, y nunca llego a una conclusión exacta, pero sí sé que los altibajos, los picos y las depresiones influyen en algo. Siempre sentí cerca eso de que el arte surge del sufrimiento, pero nunca supe exactamente cómo.
También sé que en estado de cansancio, de exceso de revoluciones y de falta de sueño es cuando la mente más se libera, se rompe el filtro y yo, por lo menos, escribo mejor que nunca. Otras personas en el mismo estado se ríen estúpidamente, por ejemplo.
Lo cierto es que las emociones fuertes son las que hacen que la vida siga adelante. Hubo un año en particular, 2008, que fue especialmente emotivo para mí, para bien y para mal. Me pasó de todo. En el 2009 también, pero funcionó más como una lección que como otra cosa: las consecuencias de lo malo quedaron, y no las emociones en sí.
Por eso existen los deportes extremos: la adrenalina funciona de este modo. Es mejor morirse tirándose por un paracaídas, o andando en bicicleta en el Sur que por haberse clavado un clavo en una biblioteca.
En lo personal, a la hora de haberme roto el hombro, hubo un segundo especial. Fue una fracción de segundo en la que me di cuenta de que el golpe era inevitable. Ese momento, esa milésima de segundo es inexplicable. La toma de conciencia sobre el propio destino mortal o, al menos, frágil, corrompible, es un sentimiento especial. Por eso la gente ve su vida pasar a través de sus ojos. La agonía de una muerte inevitable es horrible si dura más que esos pequeños segundos: se transforma en una espera sin sentido.
Ahora no puedo evitar pensar en mi abuelo, el Tata, quien tuvo una insuficiencia respiratoria hace muy poco. Sintió que se moría. Trató de expresar qué sintió, pero no llegó a abarcarlo completamente. Es horrible no poder transmitir los sentimientos especiales, los que nos sacuden los esquemas, los que, aunque sea por un tiempo, nos sacan de este mundo y nos hacen sentir que estamos vivos. Sobrevivirlos es sólo el primer paso.
Espero que nunca me pase lo que a mi abuelo: la falta de signos para expresar exactamente lo que se quiere, lo, si se quiere, inexpresable. Me aterra que me llegue a suceder algo así, aunque apunto a que sólo lo comprenda quien sintió lo mismo, para lo que sobran o faltan las palabras. Al contar el ataque de un huracán en Miami, sobran las palabras para quien lo vivió, y faltan para quien nunca estuvo allí.
Tal vez no haya vida sin sufrimiento. Tal vez los recuerdos horribles son satisfactorios en algún punto. Tendré que aprender a convivir con ello. Después de todo, vos sabés de qué hablo.


