Hay dos países que siempre estuvieron en guerra. Desde que se tiene memoria, ellos ya estaban distanciados. Nadie sabe por qué empezó. Nadie recuerda cómo ni por qué, ni para quién. ¿Para ellos mismos? No lo creo.
No es lindo vivir en guerra. No es nada lindo. Se sufre mucho, se desconfía, se invierten fuerzas en algo que no vale la pena.
Tu abuelo mató al mío, yo maté al tuyo, tu tatarabuelo murió por un ataque de los míos, me secuestraste a tal funcionario... Siempre tenemos cosas estúpidas que reprocharnos. Siempre nos basamos en lo que el otro hacía mal, sin pensar que uno también lo hace. Nos tenemos en frente y nos bombardeamos con munición gruesa en lugar de tratar de llegar a un acuerdo, a la paz, a la felicidad.
Intercambiamos rehenes, entregamos armas, negociamos, pero cada vez nos odiamos más. Cada vez estamos más cerca de ser iguales; nos movemos en forma de espejo. Nos matamos entre nosotros. Desconfiamos del otro, de sus intenciones, ¿qué querrá? ¿por qué se acerca de este modo? ¿si nos odiamos tanto, por qué ...? ¿por qué?
Y los reproches y las inseguridades no nos dejan ver lo que sucede realmente: dos países limítrofes, dos estados hermosos, que en realidad son uno solo, se pelean por cosas que ni saben qué son, porque ya pasó mucha agua por debajo del puente, porque el tiempo hizo de una grieta un abismo, porque la paz no es nuestro estilo de vida.
No hay registros históricos de ello, pero se sabe que estos dos países eran uno solo en un momento. En el inicio de los tiempos, según las mitologías regionales, estos estados eran el mismo, con las mismas costumbres, con la solidaridad y el amor que hoy ya no se merecen, pero que potencialmente existe. Según el mito, estos dos países trabajaban juntos para objetivos comunes, hablaban un mismo idioma y hacían siempre todo juntos. Porque juntos, hacían todo bien. Hoy en día esto es inverosímil.
¿Qué pasaría si nos olvidáramos de todos los rencores que tenemos, de todos los odios, las degeneraciones que tuvimos el uno para con el otro y sólo nos basáramos en el presente, en lo real, en lo que trasciende el tiempo y va más allá de la memoria? ¿Por qué tenemos que sentirnos tan lejos estando tan cerca? ¿Por qué tengo que hacer una alegoría ridícula? ¿Por qué no reconocemos nuestros errores sólo para mirar para adelante, hacia la paz, la felicidad, el amor?
Yo estoy dispuesto a hacerlo. De hecho, ya lo hice. Te estoy esperando... (No es un reproche.)



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