La angustia no se va. Vive conmigo, o yo con ella.
Todos los días me levanto y me quejo de algo. Sufro cada segundo: la exigencia, la muerte, la vida, el vacío que genera no estar angustiado.
El odio y el amor. La posibilidad de ambos. El miedo al éxito y al fracaso. Sólo se disfruta cuando terminó todo, cuando se acaba, más tarde que temprano.
Pero hay que volver a empezar.



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